La Otra

Nacida al calor de los movimientos sociales


Jackie Bini

Isa, La Otra
Isa, La Otra

La Otra es el nombre del proyecto artístico de Isabel Casanova, -Isa- cantautora nacida en Madrid en 1992. La Otra comenzó camino en 2011 con su primera maqueta "Amanecer Luchando". En 2015 publicó su primer disco «Pa'fuera y pa'dentro», financiado a través de un crowdfunding. Con una segunda y exitosa campaña de financiación colectiva, llegó en 2018 «Creciendo», segundo LP, esta vez en formato banda, dando paso a la creación de un grupo de mujeres que acompañó a Isa durante 2 años. Aquel primer proyecto de banda («Las locas del Co.») terminó en 2019 y La Otra evolucionó entonces para convertirse en el proyecto que combina hoy el formato en banda con el -original y más íntimo- formato acústico.

Destaca también, durante el año 2017, la creación de colectivo artístico-político Arte Muhé, en el que Isa participa desde entonces junto a más de quince mujeres de distintas disciplinas (Rozalén, María Ruiz, La Mare, Eva Sierra, Noelia Morgana, Cristina Indira, Cía Caí entre otras), en un espacio que oscila entre el arte y el activismo.

En 2024, La Otra presentó su disco «Vuelve», con las argentinas La Charo y Paloma del Cerro de invitadas.


Si pudieras resumir qué es La Otra, ¿cómo lo harías?

La Otra es un proyecto artístico con el que llevo ahora más de 14 años. Un proyecto que creo que se ha ido transformando y que nació más desde la política y se ha ido adentrando cada vez más también en el arte, aunque siempre estuvo presente. Es una idea de sanación a través del arte y una idea del arte como motor de transformación social y personal.

¿De qué manera y con qué idea llegaste a la música?

Yo llegué a la música a través de la política, porque cuando empecé a cantar canciones, cuando empecé a hacer conciertos, de cantar canciones en público, en ese momento a mí no me interesaba tanto tener una mirada artística, sino que lo hacía como una forma de activismo. Lo que sobre todo me interesaba era usar las canciones para difundir mis ideas y propuestas, difundir una mirada crítica, como hacer una crítica cultural a través de ese altavoz que podía ser la música para hablar. Digamos que yo tenía cosas que decir y las dije, y creo que eso se ha ido transformando. Porque obviamente sigo teniendo cosas que decir, pero me acuerdo siempre con ternura de que en esa época alguna vez me venía gente y decía "que voz tan bonita" y yo pensaba, "no te has enterado de nada, no te das cuenta de que lo único que importa son las letras", como que incluso me llegaba a parecer frívola la idea de darle mucha energía al aspecto artístico de la movida. Entonces obviamente eso ha ido ampliándose y por fortuna para mí, pero me gusta contarlo porque ahora me parece muy entrañable y también me parece algo en lo que ya no estoy. Empecé tocando en muchos espacios políticos a los que yo iba de manera activista, muchos espacios autogestivos y en general eventos que organizaban distintos colectivos y gente de movimientos sociales de Madrid y del resto del estado. Me acuerdo que la primera vez que toqué fue en Madrid en un centro social ocupado en el que yo participaba un montón, que se llamaba Casa Blanca. Fueron bastantes años de tocar casi exclusivamente en sitios así como para apoyar eventos que se organizaban por otros motivos y yo pues iba y cantaba. Y no sé, creo que esto de la autogestión y de haber nacido al calor de los movimientos sociales ha sido algo muy importante para mí, como para la manera en la que ha avanzado el proyecto y en la que ha crecido y también como cierta filosofía. Creo que cuando empecé, pues no sabía ni cantar ni tocar, desde luego, lo único que me importara era el tener cosas que decir, creo que tiene mucho que ver con que yo me atreviera, y con esa energía y con esa rebeldía que me parece muy valiosa y que trato de seguir regando. Ha sido muy importante esta cosa del hacerlo yo misma, del trabajo colaborativo que ha estado como muy en la raíz de hacer canciones y de que se puedan difundir, de que se me empiece a escuchar y luego todo eso ha ido dando paso como a más cosas y se ha ido ensanchando.

¿Cuáles han sido tus artistas inspiradores?

Y mis referentes pues la verdad es que han ido cambiando también. Los primeros referentes de cuando empecé, pues ahí había una movida muy relacionada con el punk, pero también con la trova latinoamericana, con la canción de protesta o canción de autora, de autor en general, aunque tampoco exclusivamente, o sea, creo que siempre he tenido como referentes pues eso, grandes nombres tipo Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Víctor Jara, Violeta Parra, pero bueno, no era tampoco yo una gran conocedora de todas las canciones que han hecho. Me gustaba también el hip hop, me gustaba mucho la música jamaicana y con el tiempo pues yo que sé, escucho muchas cosas. Siempre he seguido escuchando hip hop, he ido descubriendo el arambi (R&B), el neo soul y por supuesto mucha música de raíz latinoamericana, que siempre es como una muy gran inspiración. En realidad escucho mucha música, entonces creo que también eso tiene que ver con lo urbano, como que al ser yo de una ciudad grande, que es Madrid, pues creo que mi ADN musical es una mezcla de muchas cosas que he ido escuchando. También he escuchado reggaetón desde muy joven y lo he bailado, entonces no sé, hay muchas cosas mezcladas y ninguna de ellas es como mi principal raíz, como que es más una cosa de coctelera.

¿Tuviste o tienes otras inquietudes o referencias, además de las musicales?

Estudié filosofía, no acabé, porque ya me empecé a dedicar a la música, pero bueno, estudié unos años filosofía. También me he formado en terapia de Gestalt, que es una corriente de psicología humanista muy interesante, tal y como yo lo veo. Y eso creo que también tiene que ver con mi manera de escribir. También, yo que sé, referentes literarios, de los superprincipios, pues me acuerdo mucho de leer poemas de Benedetti, y de que me llamara mucho la atención la sencillez con la que habla y la manera tan accesible. Y creo que eso siempre también lo he tratado de tener en mi música, aunque con el tiempo, pues todo eso obviamente va evolucionando y creciendo, pero que en el principio, como a nivel de influencias literarias, sí que estuvo esta idea de cantar cosas que todo el mundo pudiera entender y hacerlo desde un lugar muy claro.

Mencionabas la autogestión y el trabajo colaborativo. Comentános un poco más sobre esto.

Mi experiencia con la autogestión y el trabajo colaborativo ha sido, por una parte, lo que ha hecho posible que hoy La Otra sea lo que es, porque si no hubiera sido un proyecto que nació y que se desarrolló a través de una práctica autogestiva y de momentos en los que hubo gente aportando trabajo de manera colaborativa, pues obviamente La Otra hubiera sucedido de otra manera muy diferente. Y a la vez también la autogestión ha sido un proceso muy precario y también muy solitario para mí. Entonces, de alguna manera es algo de lo que yo he querido evolucionar. El proceso de profesionalización ha sido muy importante en la medida en que para mí la autogestión, junto con toda una serie de valores que de alguna manera mantengo, que tienen que ver con tener una mirada crítica sobre las lógicas de mercado, sobre una manera empresarial de funcionar en la que no se tienen en cuenta las personas, en la que no se cuidan las personas ni tampoco los procesos colectivos, todo eso sigue ahí. Pero yo no sé si desde el momento en el que de pronto hay tareas profesionales que tienen que ver con gente especializada en cosas que asume unas tareas y otras personas asumen otras, no sé si a eso se le puede llamar autogestión. Ahora mismo trabajo de esa manera, como con gente profesional que me ayuda con distintas tareas. Aún así, sí sigo yo también autogestionándome muchas cosas, pero también con mucho deseo de dejar de hacerlo. Entonces, no sé si estoy respondiendo mucho a esta pregunta porque creo que hay otras experiencias autogestivas que tienen que ver con otro tipo de cosas, con una gestión comunitaria de recursos que como digo en algunos momentos en mi proyecto creo que han estado.

Añadiría, para completar y para resumir, que la autogestión y el trabajo colaborativo son nuestras mejores armas a nivel comunitario y a nivel colectivo, cuando no tenemos medios o cuando queremos abrir nuevos caminos de lo posible, que en principio no serían posibles. Y en ese sentido, yo me identifico plenamente con haber llevado un camino de autogestión y en el que a veces ha habido momentos de trabajo colaborativo en los que muchas personas han aportado altruistamente al proyecto o porque entendían que La Otra iba de defender una serie de valores y de reivindicaciones que eran compartidas.

Y junto a eso me parece importante hablar de que a menudo bajo la palabra de autogestión se romantiza mucho la precariedad y hay cierto rechazo a la profesionalización. Para mí ha sido muy importante para tener unas condiciones más dignas de vida y también para poder mejorar como artista ha sido muy importante este proceso de profesionalización en el que pues ya no todo el rato todo va de aprender sobre la marcha de hacer cosas sin tener absolutamente ningún medio sino que también pues va de encontrar a gente especializada.

Y creo que esta crítica no está para nada reñida con trabajar teniendo la justicia social como muy presente a la hora de pensar en cómo hacer que funcione un proyecto.

¿Cómo es tu camino creativo, el proceso de nacimiento de nuevas obras?

El proceso creativo para los discos y las presentaciones es muy amplio. Yo compongo primero las canciones, hay veces que primero escribo, hay veces que primero hago la música, hay veces que lo hago a la vez, hay veces que salen medio rápido en unos días o a veces hay canciones que he estado meses hasta terminarlas e incluso que a lo mejor han sido muchísimas horas las que he estado con una canción hasta que he decidido no tirarla a la basura y que estaba terminada. Está ese proceso como que es la composición mía de los temas y después de eso está el proceso de producción musical, que en cada disco ha sido diferente. Compagino un formato acústico que suele ser guitarra, voz y percusión que en realidad es de lo que vivo porque es un formato como más práctico en ese sentido y luego está el formato de banda que es para cuando hay más medios y para cuando hay eventos más grandes. Luego está el proceso de grabación, todo el proceso de pensar cómo va a ser la dirección de arte o sea o el arte de los diseños, de los vídeos, de los videoclips, de las fotos, todos los estilismos, todo el concepto que se quiere trasladar.

Y respecto a las actuaciones en vivo, ¿cómo es la preparación?

Y de cara a las presentaciones, pues también todo un trabajo de ensayos, porque una cosa es lo que se graba en el disco y luego cómo se lleva eso al directo es diferente. Entonces también ha sido todo un proceso de ensayos, tanto con la banda como yo individualmente o en el formato acústico, porque también es cierto que en el acústico yo meto también monólogos, hablo mucho, cosa que con la banda no funciona tanto porque muchas veces en eventos más grandes se pierde la energía si hay momentos así de música que luego se para y hablo. Hay un trabajo diferente para el formato acústico y para el formato de banda y es como un trabajo constante porque tanto los monólogos como en general algunas cuestiones musicales las ando como medio revisando siempre. Hay algunas cosas que más o menos ya considero que están acabadas, pero hay muchas que siempre las ando revisando y adaptando como a cada situación.

¿Cuáles son tus vivencias en cuanto mujer música? Sos una artista militante…

No sé si diría militante, y en general me resulta extraño siempre nombrarme como algo femenino, pero yo me considero como una mujer feminista, y también a veces activista. Y mi manera de vivir todo esto, bueno, mi manera de vivir esta mirada, desde los escenarios, pues no sé, es una mezcla. Por una parte creo que hay cosas que están cambiando y eso es algo a celebrar. Creo que estamos ocupando un espacio que nos corresponde, mujeres e identidades disidentes cada vez más, y también creo que hay mucho por hacer. Y la manera en la que personalmente yo lo vivo, más crudamente, es como en lo interno. O sea, yo diría que obviamente me he tenido que pelear con gente, he tenido que discutir con técnicos de sonido que no me hacían caso o que me cuestionaban mi manera de cantar, por ejemplo, esto es como medio frecuente. Pero lo más relevante para mí no es eso, sino pues, la propia inseguridad, como la propia interiorización de toda esta creencia de que no nos merecemos un lugar. Pues esto, el síndrome de la impostora, o sencillamente sentir que una nunca lo hace lo suficientemente bien como para merecer el reconocimiento. Entonces mi batalla ahora mismo es sobre todo contra esa cosa interna que, pues muchas veces ya consigo bajarle el volumen, pero siempre hay momentos en los que me toca luchar contra mí misma. Y bueno, creo que es importante contarlo porque creo que es una experiencia muy compartida y que nos pasa a muchas, y que también tiene que ver con la exposición, pero tiene que ver en general con ocupar espacios de poder, o con ocupar espacios de reconocimiento en cualquier lugar de la sociedad. Así que ¡aupa, vamos todas pa`' arriba!.

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