El grabador de Sechín
Luis Eliseo Altamira

Volví a Viedma después de treinta y ocho años. Quería que mi hija conociera a sus parientes, a las playas rionegrinas, a la fuerza de su mar. No nos fue nada mal.
Días antes de regresar, encontré a Ignacio Schieroni, un amigo de aquel entonces, en un bar del centro de Patagones (*). Al salir nos topamos con un conocido suyo, con el que cambió unas palabras antes de preguntarle:
- Che, Néstor, ¿te acordás de él?
El tal Néstor me miró desconcertado por el inesperado desafío, miró a Ignacio, que se reía, observándonos, se interrumpió atolondradamente para decirme mucho gusto y entonces vio un indicio. Me auscultó un rato antes de arriesgar:
- ¿Es el primo de Nicolás, el de Córdoba…?
- ¡Sí! – dijo Ignacio.
A Néstor se le dibujó una sonrisa y los ojos se le llenaron de cariño.
- ¡¿Qué hacés, Jorgito?! - dijo - ¡Tanto tiempo!
Yo seguía sin reconocerlo.
- ¿No te das cuenta quién es? - me preguntó Ignacio, divertido.
Me acordé entonces de un chico que vivía al lado de la casa de mis primos.
- El único Néstor que recuerdo es Néstor Lancia, pero no puede ser él… – dije.
- ¡Es él! – me aseguró Ignacio, riendo.
- ¿Néstor Lancia? ¿El hermano de Mabel y Fanny?
- ¡Sí! – exclamó Néstor, con regocijo - Cómo te acordás…
Y agregó:
- Claro, no me reconocés. Pero es una alegría verte. ¿Qué es de tu vida?
Y entonces me puse a hablar con esa persona que seguía sin reconocer. Había algo en su ojo estrábico, en el timbre de su voz, en su ingenuidad… Pero no podía ser él…
En un momento se disculpó, diciendo:
- Bueno, tengo que seguir. ¿Te vas a quedar unos días?
- Nos vamos el lunes…
- Bueno, por ahí nos vemos igual.
Le dijo a Ignacio que me pasara su teléfono y nos dimos un abrazo.
*
Ya a solas, le pregunté a Ignacio:
- ¿Este es Néstor?
Ignacio se rio.
- Sí.
- Porque, que yo recuerde, era rubio…
- Y blanco, sí.
- No lo digo de racista…
- No, ya lo sé. Ocurre que tuvo una transformación, una transformación de la que puedo dar fe, ya que nos vemos prácticamente todos los días. Le fue cambiando el color del pelo, de la piel y, por último, los rasgos.
- ¿En serio, me decís?
- Te lo juro por Dios. Hay gente que no cree que sea él. Fue después de visitar unas ruinas en Perú; parece que sintió que había estado trabajando allí.
- ¿Onda vidas pasadas, decís vos?
- Exactamente.
Ignacio se disponía a seguir contándome cuando lo llamaron por algo urgente. Quedamos en encontrarnos luego y nos despedimos.
*
Por la tarde fuimos con mi hija al mar y a la vuelta me puse a googlear el caso de Néstor. Encontré notas de La Nación, Clarín y el diario Río Negro, y algunas entrevistas en Youtube, pero yo quería escucharlo todo de su voz. Lo llamé.
Néstor se excusó diciendo que al otro día tenía que manejar la lancha que hace el trayecto Viedma – Patagones.
- Pero podríamos encontrarnos el domingo, en el bar ése al que fuiste con Ignacio.
*
El encuentro fue por la mañana. Néstor comenzó diciendo:
- En febrero del año pasado viajé a Perú, a los festejos del cumpleaños de una abuela mía que cumplía cien años.
- No imaginaba que tuvieras una abuela peruana… – dije.
Néstor me miró.
- Néstor Lancia… - deslicé.
Lo dije pronunciando la c como ch.
- Es cierto, soy gringo por donde me mires. Pero mi abuela es peruana.
Néstor sacó el celular y empezó a pasarme fotos del cumpleaños, en las que aparecía tal como lo conocí.
- Es una cosa de locos lo que te está pasado, ¿no? – le dije.
- Sí…
- ¿Cómo es posible?
- No sé… Lo único que te puedo decir es que todo comenzó allá, cuando fui a conocer las ruinas de un lugar llamado Sechín. Pegadas al muro, escuchá bien lo que te voy a decir: pegadas al muro que rodea a las ruinas, hay unas lajas que tienen grabadas escenas de una batalla. Cabezas decapitadas, torsos cortados a la altura de la cintura con todas las vísceras afuera, unas cosas tremendas. Y yo sentí que había estado trabajando en eso…
Y agregó:
- Y no solo lo sentí, sino que lo empecé a soñar. Un sueño que comenzó la noche que siguió a aquella visita y que continúa hasta ahora.
- ¿Y qué soñás? – quise saber.
- Que soy un indio que graba esos dibujos. Estos dibujos.
Néstor me empezó a pasar fotos de las lajas. En un momento se detuvo en una y dijo:
- Ahora estoy haciendo ésta.
Y agregó:
- Bueno, no yo. El tipo que soy en el sueño….
Me quedé mirándolo.
- ¿Querés que te cuente cómo se hacen? – prosiguió.
- Si, claro.
- Primero alisás la laja en la que pensás grabar el dibujo; después dibujás con carbón el motivo y por último frotás la parte dibujada con una piedra hasta alcanzar la profundidad deseada. Y ya está.
Y agregó:
- Y ya está, es un decir… Con la última estuve casi dos meses. O estuvo.
Nos reímos los dos.
- Yo me río – aclaró -, pero en el sueño soy él. Hace un año, once meses y veinticinco días que soy él. Un sueño ininterrumpido, minucioso y coherente, en el que desconozco que estoy siendo soñado… por mí…
Néstor lanzó una carcajada.
- Veo que no te preocupa en absoluto – le dije.
- En absoluto – acordó sin dejar de reírse.
- ¿Y cómo fue que empezó la transformación? Si querés contarme, ¿no?
- Sí… Yo tenía la curiosidad de saber cómo era el rostro del que soy en el sueño. Tal vez fue eso lo que provocó la transformación, no lo sé. Primero me empezó a cambiar el color del pelo; luego, el de la piel. Fui a una dermatóloga que no supo diagnosticarme. Y entonces me empezó a aparecer esta cara que ves. Pero muy lentamente.
- ¿Y no te dio miedo? A mi me hubiera espantado una cosa así.
- Miedo, no; tenía curiosidad. Curiosidad por saber cómo iba a quedar cuando la transformación se detuviera.
- Claro.
- Y entonces empezó a hacerse patente el rostro de mi hija menor.
- ¿De tu hija menor?
- De mi hija menor en el sueño…
- ¿Tenés hijos en el sueño?
- Sí, tres.
- Y mujer, supongo.
- También.
- Debés ser como el artista del lugar – agregué, un tanto irónico.
- Sí – acordó con seriedad -. No sé de dónde me viene esa capacidad para dibujar, ni el conocimiento que tengo del cuerpo humano, pero sí.
- ¿Y en que idioma hablan? Leí que en el idioma de Sechín.
- En el idioma que se hablaba en Sechín por entonces. Supongo… Tuvieron que pasar muchas noches para que empezara a comprender las palabras con que pienso y hablo en el sueño. Al principio, me limitaba a anotar las que recordaba en un cuaderno, que es éste que te traje.
Néstor me lo pasó. Al lado de cada palabra podía figurar o no su significado (a veces con la aclaración de las situaciones en que las había dicho o escuchado). Algunas tenían correcciones fonéticas. También había dibujos (recuerdo el de una herramienta con la que, me dijo, grababa las lajas, y otro de "su mujer").
- Debo hacer cierto esfuerzo para hablar en castellano – me confesó repentinamente, bajando la voz -. Cada vez se me cuelan más palabras en sechín, que es el idioma con el que pienso ahora...
Y entonces me expresó su deseo de volver a Perú ("Quisiera ver qué del Sechín de mis sueños permanece en el presente") y su urgencia por escribir un libro.
- No me importa que me crean, pero necesito dejar un testimonio de esto antes de que el que soy en el sueño me desplace definitivamente. ¿No querrías ayudarme?
Le dije que me dejara pensarlo.
Todavía no le respondí.
(*) Se podría decir que Viedma y Carmen de Patagones son una ciudad cortada al medio por el Río Negro.
Descargá el cuento:
Seguí leyendo más notas de esta sección:
Comentarios:
- Yamil Galasso: La simplicidad de un relato prístino embarca al lector en una cosmovisión de autenticidad pura. Sólo esto ya es un desafío superador a todo margen de apatía o aburrimiento. Pero hay más. El relato es indivisible. Es decir, qué es inventiva y qué realidad?. Y dejo para el final lo que a mi humildísimo parecer es la estrella que guía la pluma: la amorosidad.
Más podría abundar, pero debo ser ubicado y no saturar; el escritor es Luis Eliseo Altamira, Luis... Luichi.
- Mario Saieg: El soñador transformando su sueño en mentira piadosa y pidiendo ayuda para difundirla. Exceso de imaginación. Excelente cuento.
- Alicia Romero: Como otras veces, Luis Altamira nos reserva un espacio en sus cuentos para casi escuchar los diálogos de sus personajes, viajar con ellos sin saber a dónde llegaremos y disfrutar plenamente el camino! Gracias por tu generosidad!!!
- Mario: Excelente como siempre Luis. Gracias por tu literatura.
Dejá tu comentario: