Editorial Marzo 2025

La civilización del amor

Fragmento del cuadro de Klimt "Las tres edades de la mujer"
Fragmento del cuadro de Klimt "Las tres edades de la mujer"

El dolor es eso insoportable que soportamos apretando los dientes. No hay mucho que decir allí donde hasta la poesía se detiene  cabizbaja. Eso en cuanto al dolor personal, luego la onda expansiva al dolor familiar, hasta acercarnos al dolor social que se revela constante, si no es aquí es allá, si no fue ayer, será mañana, aunque por lo general ocurre aquí y allá, ayer, hoy y mañana.

El mes de marzo tiene marcas de dolores sociales particulares y universales en la Argentina, que se rememoran año a año, aunque sus causas -que son de la humanidad- sean ninguneadas por aquellos cuyas causas no lo son, léase la más obtusa ultraderecha de turno. La cicatriz siniestra y profunda que dejó la dictadura militar desde aquel 24 marzo de 1976, que nos inspira a marchar cada año en esa fecha para reafirmar ante propios y ajenos -lo segundo es una vergüenza, pero allá ellos, por algo son ajenos- un compromiso con la democracia y con la justicia, que deberían existir, que nos deberían proteger. Marchamos no para cambiarlos a ellos, sino para que ellos no nos cambien a nosotros.

Otro dolor que enseña es el dolor de la milenaria opresión que las mujeres del país y del mundo vienen sacudiéndose de encima, llegando a producir la más grande y constante revolución de la historia que ninguna ignorancia puede más soslayar y mucho menos impedir. Mes de la memoria, mes de la lucha de las mujeres por sus derechos, de los dolores que nos quedan por las conquistas que nos faltan, de la resistencia, del aguante de la verdad y la justicia, del alerta ante procesos regresivos con que el mundo se intoxica en estos tiempos.

Memoria del dolor no solo traumática, sino como iluminación acerca de la empatía, la empatía social. El otro que soy, las otras que somos. Fraternidad, sí, también, bienvenida. Abrazos, por supuesto. Oírnos. Decir. Alumbrarnos y alumbrar. Fórmulas que no prescriben, no importa cuán baja caiga la expectativa de sostener un mundo donde lo humano, donde la vida, sea lo sagrado. Donde hasta el último ser humano deba ser cuidado por su pares, incluso de sí mismo, para no hacer ni hacerse daño llevado por errores evitables. Donde no se explote a personas, no se exploten animales, no se dañe el medio ambiente. No ceder en las convicciones de incluir, proteger, ser incluido, protegido, sentirse parte de la tarea colectiva de refinamiento de cada uno de los humanos y de las humanas, para ser, para conocer, para aprender, para respirar esta vida, porque sobra para todos y todas. No dejaremos de acariciar la utopía de conquistar la iluminación del amor, de construir la civilización del amor, lo que nos vuelve bellos. El amor es torbellino de pureza original. Hasta el feroz animal susurra su dulce trino, detiene a los peregrinos, libera a los prisioneros, el amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño y al malo solo el cariño lo vuelve puro y sincero. 

Este número de Tierra Media es condominio de diversos espíritus, y todos nos conocemos. Cualquiera puede conocernos, es cierto, venimos a exponer, a contar, a decir, a recordar, a recrear, nos traicionamos por el habla. Entre estos espíritus varios hablan, precisamente en marzo, sobre marzo. Recuerdan vidas, entregas, jirones de culturas que remiten a aquel marzo, el malo, para nunca olvidar, como cuerpo social, la barbarie. Los espíritus celebran cada uno a su modo y bien podría tratarse de cualquier otro mes. Pueden celebrar el perfume del laurel en una salsa, conversar con una mujer que dirige la conciencia de su canto, recordar las emociones de la primera llegada a Roma. Alguien más conecta con una flor exquisita de la música folklórica de los años ochenta. Hay una conversación, un poeta se cuenta ante otro, expone las secuencias de una generación y una región. Otro espíritu retoma el camino desde el umbral del cafetín en busca de la épica del nosotros en las claves del tango, mientras alguien más trae a un cantor que visitaba esta provinciana capital mientras su voz ascendía por la gran industria al mundo. Y el diario personal que puede tomar forma de película, y el paisaje fotográfico que puede ser usado como pincel, y la pintura sobre la propia piel, son otras tantas preocupaciones de espíritus, y una más, que mira a marzo y a artistas mujeres colectivas de las sierras. Cierto espíritu se sacude la corrección para darle un cross a un ídolo local y no falta otro que denuncie a la canción romántica como pieza de una conspiración en marcha. Del lado de la vigilia y de la ficción -nunca se sabe bien de cuál de los lados- hay espíritus que pueden pintar en pocas líneas el salto de un bello cuerpo joven al cuerpo mellado por los años, y otro nos convence de un hecho absurdo que reenvía a posibles alegorías. Y otros cuentos son, a su vez, motivos de conversación. En fin, hay bellas lecturas en voz alta, sonrisas, mundos. Como el musguito en la piedra.


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